Soy Licenciada en Ciencias de la Computación (por lo que formo parte de la estadística careciente de formación psicopedagógica) estudié en la Facultad de Matemáticas de Mérida Yucatán.
Recuerdo que la primera vez que di una clase fue a un grupo de niños en mi iglesia (soy presbiteriana) a mediados del 1989 cuando tenía apenas 18 años. Sin embargo todavía no me pasaba por la mente trabajar en eso de la docencia, para esa fecha era momento de elegir mi profesión y pensaba en estudiar Arquitectura, Ingeniería Química Industrial o Computación, ya saben con cual me quede.
Durante el período 1992-1993 trabajé en una escuela privada a nivel secundaria impartiendo clases de computación ¡era mi primera experiencia formal ante grupo! Etapa en la que realmente pensé que la docencia no era para mí pues no tenía control de grupo, me pasaba de estricta porque veía que por temor se quedaban calladitos, lo que origino un ambiente de rechazo y no aceptación por parte de los alumnos, existían dificultades de comunicación para poder explicar en salón de clases los conceptos de la computación y en los días de práctica enseñar MS-DOS (nada atractivo para el usuario). Con el pretexto de mis estudios me retire sin saber que con el paso de los años regresaría a tan hermosa práctica.
Durante el periodo 1996-2005 mi trabajo fue como responsable del área de cómputo en la UADY primeramente en la Facultad de Derecho, luego en Facultad de Enfermería trabajo administrativo y soporte técnico durante el cual adicionalmente y en diferentes períodos capacité a personal docente, administrativo de las facultades, existían materias optativas de informática para los alumnos que también yo impartía, yo no estaba como docente ni cobraba como docente, pero eran actividades que debía realizar, era demasiada la carga de trabajo, mucha responsabilidad y tanto trabajo por realizar me creaba insatisfacción, comencé a padecer vértigo por el estrés. Se me invito a renunciar por la “puerta ancha” como así lo llamaron y acepte sin pensar siquiera que mi siguiente trabajo sería la docencia.
Casi un año me quedé en casa cuidando a mi hijo, solo impartía asesorías en mi casa de algebra y cursos de computación (no grupales), pero al estar impartiendo estas asesorías existió un acercamiento con mis “clientes”, pues iban a asesorías debido a que ya debían la materia y me contaban sus vivencias y dificultades. Poco a poco me fui sensibilizado a sus necesidades y me esforcé para que realmente aprendieran y aprobaran, tuve la oportunidad de conocer a sus padres y pude percibir que influyen varios factores para que un muchacho repruebe (por ejemplo las relaciones familiares y económicas). Cuando me contaban que habían aprobado su examen era ¡muy, muy gratificante el haber ayudado en el camino a su triunfo! y todavía recuerdo ver la felicidad en sus rostros, algunos comentaban “si me lo hubieran explicado de esta manera no hubiera tronado”.
Creo que esto de las asesorías influyo en definitiva para no rechazar oportunidades de trabajo en el área docente pues casi en simultaneo entré al CONALEP en el 2006, luego gané un concurso para impartir clases de informática en la preparatoria “Gral. Salvador Alvarado”, posteriormente en una escuela privada también me aceptaron, sin pensarlo ¡tenia tres trabajos en docencia!
Pensé que sería “pan comido” pues según yo, ya tenía experiencia pero ¡Oh sorpresa! ¡Oh realidad! Me he dado cuenta que aun me falta mucho por aprender para poder identificarme más con los alumnos, me falta hacer que mis clases sean más productivas y menos monótonas. Como alguien me dijo “A veces creemos que estamos haciendo bien las cosas pero estamos muy lejos de estar haciendo las cosas bien” deberíamos escuchar las opiniones de los alumnos para saber si realmente nos estamos dando a entender y sobre todo si ellos nos están entendiendo.
Aquí en el CONALEP cada semestre nos evalúan, uno de los aspectos que se considera es la opinión de los alumnos, es algo que me ha ayudado a corregir ciertos errores que he cometido, sé que aún quedan otros por corregir, también es gratificante saber cosas buenas de tu persona y labor docente a través de estas encuestas.
Pienso que como profesor de educación media superior mi labor debe ser siempre esforzada y comprometida, a veces es sufrida, debe tener suficiente aderezo de paciencia, debemos demostrar nuestro profesionalismo y compartir nuestros conocimientos con las nuevas generaciones por lo tanto necesitamos también una constante capacitación.
Después de transcurridos muchos años cuando alguien me encuentra y dice que le di clases, se acuerda de mi nombre y sobre todo refiere que mis enseñanzas han sido de utilidad para su vida, existe en mi una gran satisfacción. Lo que también aprecio es que los alumnos me prefieran entre otros maestros que imparten la misma asignatura.
Por ahora les dejo así que reciban saludos cordiales, espero sus comentarios
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Hola compañero:
ResponderEliminarCon respecto a tu blog te comento que estoy de acuerdo contigo respecto a que tenemos que ser personas muy pacientes con los jóvenes ya que muchas veces al encontrarse en su adolescencia presentan muchos cambio tanto físicos como de comportamiento, por problemas sociales, familiares, etc. Como profesoras debemos ser sus amigos, padres, madres, doctores entre otros y muchas veces tratar de ponernos en su lugar para poder ayudarlos.
Es una profesión como lo he dicho muy bonita y llena de muchas responsabilidades, depende de nosotros y de los alumnos esforzarnos para aprender y obtener bueno resultados en el aula; porque opino que no solo depende del maestro si no de los jóvenes y padres de familia para poder hacer que sus hijos salgan adelante.
Saludos y considérame tu seguidora.